“Es absurdo suponer que un volumen sea mucho más que un
volumen. Empieza a existir cuando un lector lo abre” afirma Borges. Está
hablando de los libros. Me gusta pensar los libros como los pensó Jorge Luis:
no como un objeto en sí, sino como el producto de un diálogo entre el texto y
el lector. Los libros, por sí mismos, aislados de nuestras manos, cosificados,
parecen no existir: existen sólo cuando nuestros ojos recorren las letras
impresas en sus páginas, o al menos eso plantea Borges. Estoy de acuerdo.
Hace un tiempo vi El
Origen, una de las últimas películas que protagonizó Leonardo DiCaprio (de
quien soy una eterna fanática, obviamente, desde que hizo de Jack Dawson en
Titanic). En El Origen se plantea,
entre muchas otras cosas, la cuestión del poder de creación de la mente en los
sueños, se expone cómo, cuando soñamos, percibimos un mundo imaginario a medida
de que lo vamos creando. Se me ocurre relacionarlo con los libros. Por
supuesto, su director, Christopher Nolan, es lector de Borges.
Pareciera que los libros nos dan la posibilidad de soñar
despiertos, de crear un mundo a partir de un conjunto de letras. En los
volúmenes, como diría Borges, sólo las palabras están dadas, lo demás a está
sujeto a nuestra voluntad, al poder de creación de nuestra mente, a nuestra
imaginación. El escritor nos guía, construye una red de pensamientos, pero
nosotros elegimos el camino; un mismo libro genera entonces, tantos mundos como
lectores tenga.
He escuchado que leer estimula la imaginación, quizás por
esto sea importante el hábito de la lectura, porque a partir de ella Creamos. Creamos
colores de pelo que no existen, narices para distintos perfiles, voces suaves,
gruesas, dulces, aterradoras; creamos los ladrillos de las casas, las ventanas,
los objetos que habitan en ella (y, si el escritor lo dispone, incluso los
jarrones y las flores); creamos no sólo los personajes, sino las relaciones
entre ellos, los vínculos que los unen, las diferencias que los separan, la
extensión de sus besos y la forma de sus lágrimas.
Por eso estoy de acuerdo con Borges, porque los libros sin
nosotros son palabras vacías, porque necesitan de nuestra mente para dar sentido
a sus historias, porque somos nosotros, los lectores, quienes dan significado a
la vida de miles de personajes fantásticos. Por eso, porque nuestros ojos nos
otorgan la posibilidad de inventar historias mientras soñamos despiertos, leamos. Leamos
porque los libros son pacientes en un mundo en el que nadie espera nada, porque
las palabras no se cansan, porque las palabras esperan, inmóviles, a que
tomemos un respiro de nuestra vida ajetreada y volvamos a ellas, para reanudar una
historia que permanece congelada en aquella oración donde la habíamos dejado.
Abramos entonces los libros, pasemos las páginas, y sumerjámonos
en un mundo que existe para, por, y gracias a nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario